República Dominicana: una crisis sanitaria estructural que exige un cambio radical

bitycuanto

octubre 5, 2026

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La República Dominicana se enfrenta a una crisis sanitaria que no puede ser resuelta con más presupuesto ni infraestructura. La columna de Víctor Garrido Peralta en AlMomento.net revela cómo el sistema de salud actual funciona bajo una lógica hospitalocéntrica, reaccionando solo cuando la enfermedad ya ha avanzado, y no previniendo desde etapas tempranas. Esta estructura institucional no es un problema técnico aislado; es un reflejo profundo del modo en que se han construido las políticas públicas durante décadas.

La crítica va más allá de la falta de recursos económicos. Se trata de una falla en el diseño, en la organización y en los incentivos estructurales del sistema. La atención primaria, que debería ser la puerta de entrada para evitar complicaciones futuras, se encuentra relegada a un segundo plano. Los hospitales, por su parte, continúan funcionando como centros de emergencia, sin una red integrada que permita referir pacientes con fluidez y trazabilidad.

Esta situación no solo afecta la salud pública, sino también el bienestar económico y social del país. La frase que define la tragedia sanitaria dominicana es clara: «la salud dominicana administra complicaciones que pudo haber evitado». Es un sistema diseñado para intervenir tarde, duplicar funciones y fragmentar recursos, lo cual genera ineficiencia a gran escala.

¿Qué consecuencias tiene esta crítica al modelo actual?

La visión propuesta por el artículo no es solo una reivindicación de más inversión, sino una reinvención del sistema. El primer pilar de la transformación sería la atención primaria real y resolutiva, capaz de identificar problemas como hipertensión, diabetes o trastornos mentales antes de que se conviertan en emergencias.

El segundo pilar apuesta por una historia clínica única nacional. Hoy, cada cambio de médico, hospital o aseguradora obliga a un paciente a empezar desde cero. Esta falta de interoperabilidad digital no solo retrasa diagnósticos y tratamientos, sino que genera inseguridad y desconfianza en el sistema.

El tercero propone un presupuesto basado en resultados, no en la cantidad de camas o edificios. El éxito se mediría por las vidas mejoradas, las complicaciones evitadas y los pacientes que no requieren hospitalización. Esto implica una reorientación completa de cómo se gasta el dinero público.

El cuarto pilar es una red integrada, donde la comunicación entre instituciones funcione automáticamente y transparentemente. Sin esta conectividad, no se puede hablar de un sistema nacional coherente, sino de múltiples islas que no interactúan.

El desafío moral

La crítica al modelo actual va más allá del ámbito técnico o financiero. Es una cuestión ética. Cuando una madre tiene que endeudarse para comprar medicamentos que el sistema debió suministrar, cuando un paciente oncológico pierde meses en espera de un procedimiento esencial, o cuando una familia vende sus pertenencias para cubrir gastos médicos que no deberían ser privados, se revela una fractura moral.

La salud no solo debe ser eficiente. Debe ser justa y humana. «El objetivo final de un sistema de salud no es administrar enfermedades. Es proteger vidas», afirma el texto con rotundidad. La República Dominicana merece un sistema que llegue antes, prevenga más y cuide mejor.

¿Qué se propone como solución?

La reforma no consiste en construir más hospitales o aumentar presupuestos. Consiste en reorganizar. En diseñar una estructura donde la prevención sea prioritaria, los datos estén interconectados y el éxito se mida por vidas mejoradas, no por camas ocupadas.

El primer paso sería implementar un modelo de atención primaria real, con unidades capaces de identificar factores de riesgo antes de que se conviertan en tragedias familiares. Luego, garantizar una interoperabilidad obligatoria entre sistemas para evitar duplicaciones y mejorar diagnósticos. Finalmente, reorientar el presupuesto hacia resultados clínicos, no a estructuras burocráticas.

Este cambio implica también una transformación cultural dentro del sistema de salud: dejar de ver los hospitales como la solución única y considerarlos parte de una red más amplia que incluye atención preventiva, seguimiento temprano y control continuo de enfermedades crónicas.

¿Y qué dice el texto sobre la Ley 87-01?

La visión actual del sistema sanitario dominicano se remonta a un intento fallido hace más de veinte años. La Ley 87-01 propuso un modelo donde la atención primaria sería la puerta de entrada, la prevención tendría prioridad y los distintos niveles de atención funcionarían integrados. La visión era correcta, pero su ejecución quedó inconclusa.

Hoy, seguimos operando bajo una lógica hospitalocéntrica que espera a que las enfermedades avancen para actuar. Es como construir más unidades de cuidados intensivos mientras se deja abandonado el programa de vacunación. Es un modelo insostenible y moralmente injusto.

¿Y qué hay sobre la iatrogenia estructural?

El texto introduce un concepto clave: la iatrogenia estructural. En medicina, se llama iatrogenia al daño causado por el propio tratamiento. La República Dominicana sufre una forma más compleja de esa enfermedad: un daño producido por la forma en que el sistema está diseñado.

Aunque los médicos actúen correctamente, los hospitales esfuercen y las administraciones intenten con honestidad, la estructura institucional obliga a intervenir tarde, duplicar funciones y premiar la reacción sobre la prevención. El resultado inevitable es la ineficiencia.

¿Qué implicaciones tiene esta reforma?

La transformación sanitaria propuesta no solo beneficiaría a los pacientes. Tendría un impacto positivo en el sistema de salud como todo. La eficiencia aumentaría, los costos se reducirían y la calidad del cuidado mejorarían.

Además, establecería una nueva cultura institucional, donde los incentivos no estén basados en edificios ni camas, sino en vidas mejoradas y complicaciones evitadas. Eso implica un cambio profundo en cómo se mide el éxito de las políticas públicas.

¿Qué consecuencias tendría una reforma como esta?

La implementación de una red integrada, una historia clínica nacional y un presupuesto basado en resultados no solo mejoraría la salud pública. Estructuraríamos un Estado más eficiente, donde los recursos se destinan a lo que realmente importa: el bienestar del ciudadano.

En este sentido, la salud dominicana no es solo una oportunidad para mejorar el sistema de atención médica. Es un laboratorio perfecto para transformar el funcionamiento institucional del país en su conjunto. Porque las mismas lógicas que producen hospitales saturados también generan burocracias infladas, presupuestos capturados e instituciones fragmentadas.

💬 ¿Y tú qué opinas?

¿Crees que la República Dominicana está preparada para una reforma estructural en su sistema de salud?

¿Cómo crees que se podría lograr un cambio real hacia una atención primaria resolutiva y preventiva?

¿Estás de acuerdo con la idea de medir el éxito del sistema no por camas ocupadas, sino por vidas mejoradas?


### ¿Qué es la iatrogenia estructural?

La iatrogenia estructural se refiere al daño que sufre un sistema sanitario debido a su propio diseño institucional. Aunque los profesionales actúen correctamente, una estructura mal concebida puede obligar a intervenir tarde, duplicar funciones y premiar la reacción sobre la prevención.

### ¿Por qué se critica el modelo hospitalocéntrico?

El modelo actual prioriza el tratamiento de complicaciones en lugar de la prevención temprana. Esto no solo genera ineficiencia, sino que también aumenta los costos a largo plazo y reduce la calidad del cuidado.

### ¿Qué papel juega la atención primaria en esta reforma?

La atención primaria debe ser la puerta de entrada del sistema, con capacidad para identificar factores de riesgo antes de que se conviertan en tragedias. Es el primer pilar de la transformación propuesta.


Imagina un paciente diabético cuya condición no se controla desde su diagnóstico inicial. Años después, aparece una complicación grave que requiere hospitalización y amputación. Este escenario podría haberse evitado con un seguimiento temprano, mediante atención primaria resolutiva.

En lugar de esperar a que el paciente llegue al hospital cuando ya es demasiado tarde, se le hubiera ofrecido control regular, educación sobre la enfermedad y apoyo para seguir una dieta saludable. Eso es lo que propone esta reforma: un sistema que actúe antes, no después.


La crisis sanitaria dominicana no es solo un problema de recursos o infraestructura. Es un desafío institucional profundo que requiere una reorganización radical del modelo actual. La República Dominicana tiene la oportunidad —y la necesidad— de construir un sistema donde la prevención sea prioritaria, los datos estén conectados y el éxito se mida por vidas mejoradas.

¿Y tú qué harías si fueras parte de esta transformación? ¿Cómo crees que se podría lograr una verdadera reforma sanitaria en República Dominicana?

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